19 de diciembre, en la memoria y en el corazón

Vigilia. Entre lo público, la razón y el juicio

Miguel Ángel Juárez Frías

juarezfrias@gmail.com

Dejemos en paz la reflexión política de nuestros días, permítanme compartir con ustedes algo más personal, que se escribe desde el corazón.

Hoy se cumplen dos años de la partida de Francisco Ramírez Martínez, una de las figuras más sólidas que ha tenido la vida pública de Aguascalientes. 

Su ausencia dejó un vacío, dejó un espacio perceptible, que se advierte en la universidad, en el ejercicio cotidiano del derecho y en la vida administrativa de un Estado que todavía camina sobre huellas de su legado.

El recuerdo de Pancho Ramírez se mantiene vivo porque su paso por la función pública dejó decisiones, obras y estructuras que siguen cumpliendo su propósito. Su gestión municipal produjo infraestructura para durar, no para el boletín de prensa; ejecutada con seriedad y sin necesidad de ser anunciada. Hoy muchas de esas obras se asumen como naturales, como si siempre hubieran estado ahí. Ese es el sello del oficio verdadero: que su obra sobreviva al olvido de su autor. Resultado de un periodo donde el oficio y la responsabilidad marcaron el rumbo. 

En la academia su legado fue igualmente profundo, formó generaciones que comprendieron el derecho como una disciplina exigente, técnica y honesta. No adoctrinó ni buscó adhesiones personales, exigió estudio, pensamiento propio y rigor. Todavía recuerdo que después de años, en nuestras reuniones comunes, sacó del archivero la lista con las calificaciones de mi grupo, incluidas las asistencias y las faltas. Todo guardaba y nada olvidaba. La Universidad Autónoma de Aguascalientes reconoce en él a un maestro cuya influencia trascendió el aula y permanece viva cada vez que se discute el derecho constitucional.

Su pensamiento jurídico y su trayectoria pública compartieron una cualidad poco frecuente, la coherencia. Sostuvo convicciones, respetó la palabra y entendió la responsabilidad política como un encargo que exige mesura y sentido institucional. Ejerció la lealtad sin estridencias y asumió el poder sin confundirlo con protagonismo. Lejos están esas formas de la vida pública que hoy se toman de anecdóticas, pero cuanta falta le hacen a nuestro Estado.

En lo personal fue algo más que un referente profesional. Fue guía, compañía y punto de equilibrio en momentos donde la vida reclamaba claridad. No necesitaba presencia constante para influir, su forma de mirar la realidad, su prudencia al decidir y su carácter firme marcaban un camino, orientaba y corregía. Es mi amigo, mi maestro, mi compadre, mi familia, que llevo presente siempre.

A dos años de su partida, hoy, 19 de diciembre, se recuerda a un hombre que dejó claro, con su vida y su obra, que la congruencia sigue importando. Ese es el lugar que ocupa. Su nombre conserva el mismo peso por lo que fue y por lo que dejó.

Hasta siempre y siempre presente, mi querido Pancho RIATAS.

Nos leemos la siguiente.