Fraude de Massa: votos que no dan, uso de recursos públicos, chantaje y dádivas

Redacción

Argentina.- Aunque todas las encuestas daban ganador a Javier Milei, quien en incluso en muchos sondeos anticipaban que podía resultar vencedor en la primera vuelta; el pasado domingo en Argentina se llevaron a cabo las elecciones presidenciales y el partido de gobierno sacó una ventaja pasmosa ante el candidato libertario, Sergio Massa se llevó 9.618.525 votos, contra los 7.869.913 votos de Javier Milei.

Pero recapitulemos: en las PASO (elecciones primarias previas a las generales), Milei había obtenido 7.116.352 votos, mientras que Unión por la Patria había sacado 5.070.104 de sufragios de Massa y 1.390.585 de la lista de Grabois, que terminaron dando el salto hasta casi 10 millones de votos en las generales.

Al día siguiente los argentinos empezaron a analizar los resultados oficiales publicados en el ente electoral, allí se encontraron que, por ejemplo, en algunas mesas, Massa sacó, presuntamente el 99 % de los votos, mientras que el candidato libertario no llega al 1 %.

En Santiago del Estero, en la Escuela 747, Massa habría sacado 1.194 votos, contra apenas 4 votos de Milei. Algunos especialistas electorales han indicado que estadísticamente estas cifras son difíciles de creer.

Pero en el conteo de los votos no estuvo el único problema, puesto que los abusos electorales previo a las elecciones también estuvieron a al orden del día. El kirchnerismo utilizó dinero público y su propio poder para favorecer al candidato de gobierno. Por ejemplo, en algunas estaciones de metro, usaron las pantallas del transporte público como piezas de propaganda, para poner los supuestos precios del pasaje con y sin el subsidio que la izquierda otorga al transporte; aunque esa fue la menor de las operaciones.

Massa, como ministro de economía —el mismo que tiene a Argentina sumergida en una inflación del 140 %, decretó un “reintegro” del 21 % de las compras en supermercados, incluyendo electrodomésticos: ya saben, primero te llenan de impuestos, después te los quitan, y son los héroes.

A su vez, el gobierno decretó un bono de 20.000 pesos argentinos para los desempleados, ¿quién no va a votar por el gobierno que te mantiene sin trabajar? La vida es muy fácil cuando un burócrata decide sencillamente quitarles a unos, para darles a otros. A eso hay que sumarle otro bono de 94.000 pesos para trabajadores informales, un alivio fiscal para los trabajadores autónomos —recuerden el viejo dicho: el peronismo te rompe las piernas y luego te regala unas muletas—, postergó el aumento de tarifas energéticas y transporte, refuerzos en tarjetas alimentarias, y para la guiña del pastel: el nuevo programa previaje, para reintegrar el 50 % de lo gastado en turismo en forma de crédito.

Y todo, todo esto, sin olvidar el dinero que fluye a través de la pauta estatal para ensuciar a la oposición argentina, y favorecer al gobierno. Medios de comunicación al poder del Estado, “periodistas” cuyo trabajo es fungir como portavoces de propaganda a cambio de la pauta del Gobierno, entre otros atropellos a la democracia.

La campaña de Massa ha sido un completo fraude, incluso el actual presidente argentino, Alberto Fernández (para quien ahora Massa trabaja) escribió en el 2016: “Sergio Massa sos un imbécil. Y no te insulto. Te describo”.

Todos los argentinos de bien necesitan unirse para derrotar a un gobierno que los chantajea, manipula y roba. Hoy el país suramericano, no solo tiene una de las inflaciones más altas del mundo, sino que, a su vez, es el tercer mayor infierno fiscal del planeta. Los políticos roban, imprimen dinero, y vuelven a robar, después dan un caramelo a los electores y compran elecciones: esto sobrepasa a un tema ideológico, se trata de honestidad contra mentiras, de libertad contra opresión, de sentido común contra el delirio colectivista.

No es solo Massa, es el peronismo que convirtió la economía de Argentina en una de las más miserables del mundo y que espera continuar haciéndolo durante los próximos años.

*Con información de Informe Orwell.