Redacción
Para Steve Jobs, llegar tarde no era una opción. El fundador de Apple tenía una obsesión con la eficiencia y la puntualidad, al punto de iniciar reuniones sin esperar a los rezagados. Sin embargo, para la Generación Z, los horarios parecen ser más flexibles.
Un estudio citado por Fortune revela que el 46% de los jóvenes considera que llegar diez minutos tarde no es impuntualidad, una percepción que contrasta con generaciones anteriores. Entre los millennials (27 a 42 años), solo el 39% acepta pequeños retrasos, mientras que en la Generación X el número cae al 20%. Los baby boomers son los más estrictos: el 70% no tolera demoras.
El rigor de Jobs con el tiempo quedó demostrado en numerosas anécdotas. Ed Catmull, expresidente de Pixar y Disney, relató en Creatividad S.A. cómo Jobs inició una reunión clave sin esperar al director financiero de Lucasfilm, quien usaba la impuntualidad como estrategia de negociación. Para Jobs, el tiempo perdido no tenía justificación.
Pero la impuntualidad no solo afecta la percepción social. Expertos como el psicólogo Neel Burton advierten que puede reflejar falta de respeto y afectar la imagen profesional. En el ámbito escolar, los retrasos constantes pueden derivar en sanciones e incluso abandono escolar.
