Desconocidos que ayudan lo hacer por su nivel de inteligencia superior, no por solidaridad

Redacción 


En el día a día, es habitual encontrarse con personas que siempre están dispuestas a ayudar a los demás. Desde la perspectiva psicológica, brindar ayuda a personas desconocidas es una señal clara de inteligencia emocional; demuestra la capacidad de reconocer las necesidades de otros (e incluso anticiparse a ellas) y actuar en consecuencia. El psicólogo Daniel Goleman, conocido por haber difundido el concepto de inteligencia emocional, señala que la empatía constituye una de las bases esenciales de esta capacidad.

El psicólogo Daniel Goleman, pionero en la difusión de este concepto, señala que la empatía constituye la base esencial de esta capacidad. Según la organización Mental Health America, la inteligencia emocional es la facultad de gestionar las emociones propias y comprender las de quienes nos rodean a través de cinco pilares: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales. Quienes puntúan alto en estas áreas captan con mayor facilidad el sentir ajeno y reaccionan de forma adecuada, tejiendo redes de confianza y cooperación entre individuos que, en muchos casos, ni siquiera se conocen.

Las personas altruistas comparten rasgos muy definidos: generosidad, sensibilidad social, constante atención al entorno y un fuerte compromiso con el bienestar colectivo y medioambiental. No buscan reconocimiento ni beneficios personales; son capaces de compartir incluso cuando sus propios recursos son limitados.


La literatura científica ha demostrado que este desprendimiento genera un impacto sumamente positivo en el bienestar psicológico y social del propio benefactor:

  • Reducción del estrés: Ayudar al prójimo está asociado con una disminución de los niveles de cortisol (la hormona de la tensión), favoreciendo un estado de calma.
  • Mejora del estado de ánimo: Los actos de bondad estimulan la liberación de endorfinas, provocando una sensación de satisfacción conocida en psicología como el “subidón del cuidador”.
  • Lazos más sólidos: El comportamiento servicial fortalece las relaciones sociales basadas en la confianza mutua y el sentido de pertenencia.
  • Aumento de la autoestima: Generar un impacto positivo en la vida de otros permite que el individuo se sienta útil, reforzando la percepción de su propio valor.

A pesar de sus múltiples virtudes, la psicología advierte que la ayuda constante no siempre nace de un bienestar pleno. En ocasiones, los activistas del apoyo mutuo experimentan profundos sentimientos de frustración al chocar con la realidad de no poder resolver los problemas de todo el mundo.

Asimismo, los especialistas señalan la existencia de un mecanismo de validación externa. Cuando una persona crece en entornos donde el afecto o el reconocimiento de las figuras de autoridad dependían exclusivamente de lo que hacía por los demás, puede desarrollar un patrón de ayuda compulsiva en la etapa adulta.

Este fenómeno suele derivar en relaciones de codependencia, un escenario donde la identidad y el valor personal quedan ligados al rol de “salvador”, llevando al individuo a priorizar las necesidades de terceros a costa de su propio bienestar emocional y físico.

Fuente OK Diario

Foto ilustrativa.