Mueren 18 personas tras bombardeos con drones de rebeldes en la RD del Congo

Redacción

Congo.-Un ataque coordinado con aeronaves no tripuladas ejecutado por el grupo insurgente Movimiento 23 de Marzo (M23) causó la muerte de al menos 18 civiles —incluyendo hombres, mujeres y menores de edad— en distintas localidades del territorio de Fizi, en la provincia de Kivu del Sur, al este de la República Democrática del Congo (RDC). El administrador de la región, Samy Badibanga, confirmó el deceso de las víctimas y denunció la destrucción total de infraestructura educativa y centros de salud en las aldeas de Mulima y Kangouli.

Las agresiones aéreas dejaron además una cifra indeterminada de heridos y provocaron éxodos masivos de la población civil, que huyó hacia los centros urbanos de Baraka, Kananda, Mukera, Kichoula y Lumania. Este repunte de violencia armada se enmarca en la escalada de enfrentamientos directos entre las Fuerzas Armadas congoleñas y la facción del M23, la cual cuenta con el respaldo militar y financiero de la vecina Ruanda en su avanzada hacia el sur de la nación africana.

La crisis interna se profundizó de manera drástica entre enero y febrero de 2025, periodo en el que las fuerzas rebeldes doblegaron al ejército oficial para capturar Goma y Bukavu, las capitales de las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, respectivamente. Desde entonces, el tratado de paz firmado en Washington el pasado 4 de diciembre de 2026 por los presidentes Félix Tshisekedi (RDC) y Paul Kagame (Ruanda) ante la mediación del mandatario estadounidense Donald Trump —que buscaba ratificar los compromisos ministeriales acordados desde junio de 2025— se mantiene frágil, en medio de constantes acusaciones mutuas de violación de tregua.

Esta oleada de hostilidades desacata de igual forma el acuerdo marco que el Gobierno de la RDC y el M23 rubricaron el 15 de noviembre en Doha bajo el auspicio de Qatar. El territorio oriental de la República Democrática del Congo se encuentra sumergido en disputas bélicas desde la década de los noventa debido al control de sus reservas de minerales críticos de uso tecnológico, un conflicto histórico que persiste pese a la intervención de la Misión de las Naciones Unidas (Monusco).

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