Redacción
Morgan Freeman es sinónimo de maestría actoral y una de las leyendas más consolidadas de Hollywood. Sin embargo, detrás de su presencia cinematográfica y su icónica voz, se esconde una historia de resiliencia y paciencia que demuestra que el camino hacia el éxito pocas veces es una línea recta.
Antes de ganar el Premio de la Academia y protagonizar algunas de las películas más influyentes del cine contemporáneo, Freeman pasó décadas en el anonimato, enfrentando un panorama donde las oportunidades parecían no llegar. En un emotivo testimonio durante un foro organizado por el American Film Institute, el actor revivió aquellos años en los que caminaba por las calles de Los Ángeles sin un rumbo fijo, lejos de imaginar el lugar que el destino le tenía reservado.
“Mi carrera no despegó hasta 1986”
Acompañado por el director Edward Zwick —con quien trabajó en el clásico Tiempos de gloria (1989)—, Freeman fue cuestionado sobre si el reconocimiento internacional le había llegado de la noche a la mañana. La respuesta del intérprete fue contundente:
“No, no fue así. Me llevó un tiempo. Mi carrera no despegó hasta 1986. Tenía 50 años. Caminé sin rumbo por las calles de Los Ángeles. Ahora miro a la gente y pienso: yo también fui uno de ellos. Solo sigue bailando al ritmo, algo bueno sucederá. No te sientes y digas que no puedes hacerlo, porque entonces no podrás. Si sucede de inmediato, se irá de inmediato”.
Durante los 70 y principios de los 80, Freeman acumuló pequeños papeles en televisión y teatro, manteniendo viva la esperanza de dar el gran salto a la pantalla grande.
Fast Black: El personaje que lo cambió todo
La gran oportunidad llegó finalmente a sus 50 años con el estreno de El reportero de la calle 42 (1987), bajo la dirección de Jerry Schatzberg. En la cinta, Freeman interpretó a Fast Black, un proxeneta violento cuya cruda y magnética actuación cautivó de inmediato a la crítica y al público.
Este papel no solo le valió su primera nominación al Premio Oscar como Mejor Actor de Reparto, sino que rompió el techo de cristal de su carrera, abriéndole las puertas a los personajes entrañables por los que hoy es recordado en producciones como Paseando a Miss Daisy (1989), Sueño de fuga (1994), Seven (1995) o Batman Inicia (2005)
A lo largo de su trayectoria, Freeman ha sumado cinco nominaciones a los premios de la Academia. El máximo galardón llegó en 2005, durante la 77.ª edición de los Oscar, cuando se llevó la estatuilla a Mejor Actor de Reparto por encarnar a Eddie Dupris en la aclamada Million Dollar Baby, dirigida por Clint Eastwood.
Una lección de vida desde alta mar
Con la sabiduría que dan los años de espera, el actor —quien también es un apasionado de la navegación— compartió una metáfora marinera como consejo para las nuevas generaciones que buscan una oportunidad en una industria tan competitiva.
“Es una conclusión inevitable, es como el clima, ¿sabes? Yo soy marinero, y en alta mar tenemos este dicho: ‘La tormenta que llega de golpe, pronto pasará. La que se ve hace tiempo, mucho durará’. Así que tómate tu tiempo, aprende sobre lo que estás haciendo, sigue avanzando, sólo sigue caminando, porque este no es un trabajo fácil”, concluyó el legendario actor.
Con información de Sensacine.
Foto: Warner
