Redacción
Las llamadas “bolsas de nicotina”, promovidas como una alternativa para dejar de fumar, representan un riesgo significativo para la salud y pueden generar una nueva adicción, advirtió Guadalupe Ponciano Rodríguez, académica de la Facultad de Medicina de la UNAM y coordinadora del Programa de Investigación y Prevención del Tabaquismo.
La especialista explicó que estos productos, también conocidos como nicotina oral moderna, no deben considerarse una opción terapéutica, ya que contienen nicotina y otras sustancias químicas que incrementan la dependencia. Señaló que en México los únicos tratamientos con evidencia de seguridad y eficacia para dejar de fumar son los parches y la goma de mascar, así como medicamentos no nicotínicos como bupropión y vareniclina.
Las bolsas, similares a pequeñas bolsitas de té, se colocan entre el labio superior y la encía para permitir la absorción de la nicotina a través de la mucosa bucal. De acuerdo con Ponciano Rodríguez, algunas marcas incluyen nitrosaminas con potencial cancerígeno, aromatizantes y metales pesados como cromo.
Estudios recientes muestran un crecimiento sostenido en su consumo, especialmente entre jóvenes. En países nórdicos se reportan prevalencias de hasta 20 por ciento en adultos jóvenes, mientras que en Estados Unidos su uso entre adolescentes va en aumento. Su expansión se aceleró a partir de 2017, impulsada por empresas tabacaleras que buscaron nuevos mercados ante las restricciones al tabaco tradicional.
La académica alertó que estas bolsas pueden contener entre tres y 50 miligramos de nicotina, concentraciones que consideró excesivas para la vía oral. Su uso prolongado provoca aftas, úlceras, abscesos periodontales, gingivitis y alteraciones en la microbiota bucal, además de riesgos digestivos como gastritis, colitis y erosión de la mucosa gástrica. También advirtió sobre posibles afectaciones cardiovasculares, como infartos o eventos cerebrovasculares.
El atractivo de estos productos se refuerza con sabores como menta, hierbabuena o mora azul, lo que reduce la percepción del riesgo y aumenta su potencial adictivo. Desde el punto de vista legal, al utilizar nicotina sintética no se clasifican como productos de tabaco, lo que ha permitido su venta sin advertencias sanitarias y con escasa regulación.
Ponciano Rodríguez subrayó que esta falta de control facilita el acceso de menores de edad, con riesgos graves en caso de ingestión accidental, como intoxicación, convulsiones o incluso la muerte. Además, alertó sobre patrones de consumo combinados —bolsas de nicotina, vapeadores y cigarros— que representan un serio peligro para la salud a largo plazo.
