Redacción
Ciudad de México. -Los neumáticos representan el único punto de contacto entre un vehículo y el asfalto. Por este motivo, evaluar constantemente su estado resulta fundamental, ya que el desgaste natural disminuye de forma progresiva la dirección, la tracción en superficies secas o mojadas y la distancia necesaria para un frenado seguro.
Establecer la durabilidad de una llanta por kilometraje es complejo, pues el desgaste varía si se trata de un vehículo de uso intensivo como un taxi o de una SUV que recorre menos de 50 kilómetros al día. Sin embargo, por cuestiones de tiempo, la firma Michelin aconseja sustituir los neumáticos —incluyendo la llanta de refacción— una vez cumplidos los 10 años desde su fecha de fabricación, esto como una medida precautoria incluso si el coche ha tenido poco rodamiento.
Para saber con certeza cuándo realizar el cambio, se debe revisar la profundidad de la banda de rodadura. La mayoría de los fabricantes concuerdan en que el límite legal y seguro son los 1.6 milímetros; para identificarlo, las llantas cuentan con marcas de caucho entre los surcos del dibujo, y si el desgaste alcanza dicho nivel, el componente pierde sus propiedades y debe reemplazarse. El tiempo en que se llega a este límite varía según los cuidados del conductor.
Uno de los factores que más acelera el deterioro son los malos hábitos al volante. Acciones como arrancar o frenar de manera abrupta generan una fricción excesiva que quema el caucho, mientras que tomar curvas a alta velocidad aumenta la carga lateral, dañando los bordes. Asimismo, girar la dirección con violencia somete al neumático a fuerzas extremas, y no moderar la velocidad ante baches, topes o banquetas puede romper la estructura interna, provocando chipotes o deformaciones.
La presión de inflado incorrecta también merma la durabilidad. Conducir con baja presión genera un desgaste irregular en los laterales y flancos, acortando su vida útil. Además, afecta la estabilidad: si falta aire en el eje delantero el coche tiende a subvirar (perder la trayectoria hacia el exterior en curvas), y si falta en el eje trasero provoca sobreviraje (un desvío inesperado de la parte posterior). Por otro lado, el sobreinflado hace que solo la parte central de la banda de rodadura toque el suelo, perdiendo el contacto óptimo y reduciendo las capacidades del neumático.
El exceso de carga constante es otro detonante perjudicial. Viajar con un peso superior al recomendado incrementa la presión de las llantas contra el suelo y acelera su desgaste. Esta costumbre también altera por completo la dinámica de conducción, exige de más al sistema de frenos, eleva el consumo de combustible y daña prematuramente elementos de la suspensión como resortes y amortiguadores.
En el apartado de las reparaciones, existen pautas estrictas de seguridad. Cuando el costado de una llanta se corta tras caer en un bache, las fibras textiles y los alambres internos se rompen, dejando el neumático inservible. Al respecto, Continental desaconseja por completo reparar una llanta si la profundidad de rodado es menor a 1.6 mm, si el caucho está agrietado o deteriorado, si la perforación mide 6 mm o más, o si el daño se ubica en la pared lateral fuera del área de rodamiento, recomendando siempre la compra de una pieza nueva.
Para lograr que el desgaste de las cuatro ruedas sea uniforme y prolongar su rendimiento, es indispensable realizar la rotación de neumáticos. Las ruedas del eje delantero sufren un mayor castigo debido a que la mayoría de los autos actuales son de tracción delantera, cargan con el peso del motor y guían la dirección. Aunque Goodyear señala que el periodo varía según el modelo y el manejo, la marca sugiere hacer la rotación con un especialista cada 12 mil o 14 mil kilómetros, o bien en cada servicio de mantenimiento.
Finalmente, los servicios de alineación y balanceo son cruciales pero diferentes entre sí. La alineación consiste en ajustar los ángulos de los neumáticos para que queden paralelos entre ellos y perpendiculares al suelo según las especificaciones del fabricante; por su parte, el balanceo distribuye el peso de manera uniforme entre la llanta y el rin para evitar vibraciones al rodar. Ambos ajustes se van perdiendo con el uso común, pero el proceso se acelera drásticamente si se conduce rápido sobre baches, topes, calles empedradas o terracerías, afectando también rótulas, amortiguadores y brazos de dirección.
Fotografía Motor Pasión
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