El Mundial de Fútbol 2026 promete ser mucho más que una fiesta deportiva: será el evento de un solo deporte más grande en la historia. Su magnitud es tal que, por primera vez, será organizado por tres países de forma conjunta: Canadá, Estados Unidos y México. Pero más allá del espectáculo futbolístico, ser anfitrión de una Copa del Mundo trae consigo impactos profundos en la economía, la sociedad y la proyección internacional de los países involucrados. Y todo apunta a que Canadá será uno de los principales beneficiados.
Vancouver: una mini capital mundial del fútbol
Siete partidos se disputarán en Vancouver, y las expectativas no podrían ser más altas. El propio alcalde de la ciudad, Ken Sim, comparó la experiencia con organizar treinta Super Bowls. Y aunque la cifra parezca exagerada, no está tan lejos de la realidad si se tiene en cuenta que se espera la llegada de más de un millón de turistas solo entre 2026 y 2031, según un estudio sobre el impacto económico del evento en la provincia de Columbia Británica.
El informe también estima que el gasto de los visitantes podría incrementar en mil millones de dólares anuales durante ese período. Además, el Producto Interno Bruto provincial, el ingreso laboral y el rendimiento del sector turístico experimentarían crecimientos cercanos o superiores a esa cifra, impulsando de forma directa la economía local.
Peter Montopoli, director de operaciones del torneo FIFA World Cup 26 en Canadá, destacó que “el compromiso de Canadá con la excelencia es clave en esta organización. Este análisis demuestra cómo una planeación rigurosa se traduce en beneficios tangibles, desde la creación de miles de empleos hasta la generación de miles de millones en actividad económica. Estamos dejando una huella que va más allá del torneo: un legado de desarrollo y prosperidad para el fútbol canadiense.”
Toronto no se queda atrás
La capital de Ontario, Toronto, también tendrá un papel protagónico al albergar seis partidos. El área metropolitana se alista para recibir un impulso económico sin precedentes. Según una evaluación realizada por Deloitte Canadá, el impacto directo del torneo alcanzará los 940 millones de dólares, generando o preservando más de 6.000 empleos. La contribución al ingreso laboral será de 340 millones y el Estado recibirá al menos 25 millones en ingresos fiscales.
En términos generales, se estima que el Mundial inyectará más de 3.800 millones de dólares a la economía canadiense, y generará o sostendrá más de 24.000 empleos a nivel nacional.
Más allá del dinero: cohesión social y proyección global
El fútbol no solo mueve millones: también une culturas. Es el deporte más popular del mundo, y el Mundial es su máximo escenario. Basta un balón y dos arcos improvisados para que el juego comience, sin importar si se trata de un barrio en Bogotá, un asentamiento en Johannesburgo o una favela en Río.
En el plano social, ser anfitrión del Mundial implica mucho más que organizar partidos. Las experiencias pasadas lo demuestran. Rusia 2018, pese a las dudas iniciales sobre su capacidad como sede, terminó siendo un evento exitoso y ampliamente reconocido por su hospitalidad. En Qatar 2022, las críticas iniciales por temas de derechos humanos y la decisión de jugar en invierno se diluyeron frente al espectáculo vivido y la histórica coronación de Lionel Messi. Incluso hubo episodios memorables, como aquel aficionado inglés que, en busca de una cerveza, terminó viendo el partido en el palacio de un jeque… ¡acompañado de leones!
Estos ejemplos reflejan cómo el fútbol actúa como un puente entre culturas y realidades muy distintas. Canadá, con su diversidad étnica y multiculturalismo, tiene ante sí una oportunidad única para consolidarse como un destino turístico internacional de primer nivel y fortalecer su identidad como nación abierta y acogedora.
Un impulso para la infraestructura y la industria del entretenimiento
La preparación para recibir el Mundial no es menor. Canadá invertirá millones en obras de infraestructura que van desde mejoras en transporte público y telecomunicaciones hasta modernización de estadios y centros deportivos. Este tipo de inversiones no solo benefician al evento en sí, sino que dejan un legado para las generaciones futuras.
Un ejemplo paradigmático ocurrió en el Mundial de Brasil 2014, cuando la selección alemana construyó su propio complejo deportivo desde cero y luego lo donó a una academia local, fortaleciendo el fútbol base en la región.
Y no todo gira exclusivamente en torno al balón. Otros sectores también se verán beneficiados por el auge de la fiebre mundialista. El crecimiento en el flujo de turistas, el consumo de entretenimiento digital y las apuestas deportivas va en aumento. De hecho, tanto casas de apuestas tradicionales como el casino con criptomonedas ya proyectan un incremento en el volumen de usuarios y transacciones durante el torneo. La combinación de fútbol, tecnología y entretenimiento crea un ecosistema que no solo atrae a los fanáticos, sino que dinamiza sectores clave de la economía digital.
El Mundial 2026 será mucho más que una cita deportiva para Canadá. Representa una plataforma para impulsar su economía, proyectarse ante el mundo y fortalecer su tejido social. Si todo sale como está planeado, el legado de este torneo podría marcar un antes y un después en la historia del país como potencia organizadora de grandes eventos.
