Contra lo que se creía; generación Z resultó enemiga de la IA

Redacción

El entusiasmo de la generación Z por la inteligencia artificial no se está apagando por moda, sino por una tensión más profunda entre lo que esperan del trabajo y la forma en que las empresas están incorporando esta tecnología. La promesa inicial de la IA era potenciar sus capacidades, pero muchos jóvenes sienten que está haciendo lo contrario, sobre todo cuando perciben que afecta su aprendizaje y limita su desarrollo profesional.

El temor al empleo es central. Para quienes apenas ingresan al mercado laboral, la IA no es solo una herramienta, sino un competidor directo por los puestos que buscan ocupar. Esto explica por qué los integrantes más grandes de la generación Z son quienes muestran mayor molestia. No se trata de un rechazo a la tecnología, sino de una reacción ante la amenaza de quedarse sin oportunidades.

El fenómeno del sabotaje dentro de las empresas evidencia que la resistencia va más allá del discurso. Cuando los trabajadores interfieren activamente en la implementación de la IA, lo que está fallando no es la tecnología, sino la manera en que se introduce, generalmente sin consenso ni claridad sobre sus implicaciones.

Aun así, muchos jóvenes continúan usando estas herramientas, pero lo hacen desde una lógica pragmática. Saben que no pueden ignorarlas, aunque eso no implique aceptación. Esta relación forzada genera fricción y refuerza la desconfianza.

En el fondo, el problema radica en que la IA está siendo percibida como una tecnología que sustituye en lugar de complementar, que se impone en lugar de integrarse y que acelera procesos sin fortalecer habilidades. Si las empresas no corrigen este enfoque, el conflicto no será generacional, sino estructural en la forma de incorporar la tecnología al trabajo.