Redacción
Durante el ciclo natural del descanso, la temperatura corporal central disminuye de forma fisiológica. Someter al cuerpo a un flujo continuo de aire frío entra en conflicto directo con este mecanismo autorregulador.
Una investigación publicada en la revista científica Extreme Physiology & Medicine analizó el impacto del flujo de aire en la calidad del descanso. Los resultados demostraron que las personas que duermen expuestas directamente al chorro de aire sufren un mayor número de microdespertares. Esta fragmentación impide alcanzar las fases de sueño profundo y reparador, afectando especialmente al sueño ligero al elevar la frecuencia cardíaca y propiciar los movimientos corporales.
A este factor se suma un efecto mecánico sobre el sistema musculoesquelético: al soportar el frío constante, los vasos sanguíneos se contraen, disminuyendo la irrigación y provocando el endurecimiento muscular que deriva en las clásicas contracturas de cuello o espalda al despertar.
Uno de los grandes interrogantes estivales es la aparición de resfriados en plena época de calor. Al respecto, la Sociedad Española de Otorrinolaringología estima que el 20% de los catarros veraniegos son causados por el aire acondicionado, el cual deprime la temperatura de las mucosas y las vuelve susceptibles a los microorganismos, abriendo la puerta a patologías como la faringitis, la rinitis o la amigdalitis.
La explicación biológica fue descrita en un estudio pionero de la Universidad de Yale, el cual demostró la estricta dependencia térmica de nuestra respuesta antiviral: al respirar aire frío de forma continua, la temperatura del interior de la fosa nasal desciende de los 36-37 °C habituales a unos 33 °C.
El otro factor crítico de los equipos de climatización es la deshumidificación extrema del ambiente. Para el correcto funcionamiento del sistema respiratorio, la humedad relativa debe oscilar entre el 40% y el 60%. Los aparatos de aire acondicionado extraen la humedad ambiental, desplazando con frecuencia este indicador por debajo del 24%.
Para mitigar los efectos adversos sin renunciar al confort térmico, los especialistas sugieren adoptar las siguientes pautas de habitabilidad:
- Encender el equipo 30 minutos antes de ir a dormir para climatizar la habitación y apagarlo justo al acostarse.
- En caso de requerir su funcionamiento nocturno, programar el modo Sleep (sueño), el cual modula la temperatura de forma ascendente de manera gradual antes de apagar el equipo automáticamente.
- No programar el termostato nunca por debajo de los 22 ºC, manteniendo un rango ideal entre los 23 ºC y los 25 ºC.
- Emplear un humidificador en la habitación para contrarrestar la deshumidificación del aire acondicionado y mantener las barreras epiteliales en estado óptimo.
Con información de Xataka
Foto ilustrativa.
