Redacción
Ciudad de México.-El actor y productor mexicano Diego Luna cuestionó severamente la accesibilidad económica de la Copa del Mundo 2026, señalando que los desorbitantes precios de las entradas dejarán fuera de los estadios a los aficionados del país anfitrión. Durante una reciente entrevista, el histrión lamentó las barreras financieras del torneo actual, asegurando que el evento ha perdido su esencia comunitaria. “Lo más grave, en términos de la justa deportiva, es que hoy la gente del lugar donde sucede no podrá ir a ver los partidos”, declaró, comparando irónicamente la exclusión actual en los estadios con la asistencia a un espectáculo de élite: “Es como si de pronto el futbol se hubiera vuelto la ópera”.
Para ejemplificar el drástico cambio en la organización, el protagonista de la recién estrenada cinta México 86 contrastó la situación actual con lo vivido hace 40 años en territorio nacional. Luna recordó que en la Copa del Mundo de 1986 logró asistir a un encuentro gracias a que un tío suyo recibió los boletos como parte de sus prestaciones laborales, una realidad accesible para la clase media de aquella época. “No fui el raro de la escuela que pudo ir al Mundial. Le habrá pasado a muchos otros”, rememoró, enfatizando que el certamen solía ser un espacio inclusivo que ahora se ha transformado en un producto altamente restrictivo.
Estas declaraciones coinciden con la campaña de promoción de su más reciente proyecto cinematográfico, México 86, dirigido por Gabriel Ripstein y disponible en la plataforma Netflix desde el pasado 5 de junio de 2026. En este largometraje de ficción histórica, Diego Luna da vida a “Martín de la Torre”, un empleado de la Federación Mexicana de Futbol inmerso en los hilos políticos, mediáticos y corporativos que se movieron para que México rescatara la sede mundialista tras la declinación de Colombia.
La crítica del actor no solo apunta a los sectores de escasos recursos, sino a los fanáticos habituales que sostienen el deporte local semana tras semana. Las declaraciones de Luna han reabierto el debate público sobre la comercialización extrema del balompié internacional, poniendo sobre la mesa la incógnita de si los torneos de la FIFA siguen perteneciendo a los aficionados o se han convertido de manera definitiva en un espectáculo exclusivo para las altas esferas económicas.
