EPÍLOGO: El distractor perfecto: La Democracia herida de muerte. Entre la “ejecución” y el “acoso” 

Vigilia. Entre lo público, la razón y el juicio

Miguel Ángel Juárez Frías 

juarezfrias@gmail.com

La democracia herida de muerte muestra su siguiente síntoma: el uso de la indignación como anestesia pública.

El acoso a la Presidenta es un hecho repudiable. Nadie con conciencia puede justificarlo. Pero la manera en que se explota mediáticamente demuestra que el poder encontró en la indignación social el distractor perfecto.

Durante años, la violencia contra las mujeres ha sido una tragedia nacional: el incremento alarmante de feminicidios, la maestra ejecutada en Veracruz por no pagar la cuota, las niñas asesinadas en Sonora… Podríamos seguir con una lista interminable de crímenes que, para el oficialismo, son hechos sin importancia.

Pero hoy, ante la inexplicable conducta de acoso sufrido por la Presidenta con A, se le usa a la violencia de género como cortina. Se apela a la sensibilidad colectiva, se enciende el ruido mediático, el grito aturdidor de las masas, y entre tanto escándalo, se apaga la conversación que incomoda: el narco-Estado que gobierna en los hechos, que asesina y calla la voz de la crítica pública. 

El mensaje subliminal es perverso: nadie está seguro. Si la Presidenta puede ser manoseada, ¿qué pueden esperar los alcaldes del país? Pues que los maten.

Esa es la traducción real de un Estado que ya no garantiza seguridad ni a su máxima autoridad, mucho menos a la sociedad.

La violencia política, la delincuencia y la impunidad dejan de ser noticia para convertirse en anestesia administrada al colectivo inconsciente.

Ahora el dominio del trending topic es el nuevo campo de batalla. Sea con realidades, montajes o espectáculos, el cinismo digital se ha vuelto arma. Basta leer los posteos en X de una dirigente nacional del partido de estado (sí, con minúscula), una muestra palpable de la contradicción en vida, del malabarismo en el circo oficial.

No les importa que sigan matando a la voz crítica; un “agarrón” de cuerpo bastará para provocar la somnolencia pública.

Las tragedias son hoy instrumentos. Se eligen, se amplifican o se silencian para alimentar con miedo al pueblo sabio y bueno.

Confirmo: el miedo es método; la democracia, una víctima más.

Nos leemos la siguiente.