Filman tiburón que se creía desaparecido a 2 mil metros de profundidad

Redacción

Las profundidades del océano han dejado de ser un territorio completamente impenetrable para la biología marina. Por primera vez en la historia, un equipo internacional de investigadores logró observar a ejemplares vivos del misterioso tiburón duende (Mitsukurina owstoni) nadando en total libertad en las profundidades abisales.

El histórico hallazgo, publicado recientemente en la revista especializada Journal of Fish Biology, ofrece datos inéditos sobre una de las especies más esquivas y fascinantes del planeta, de la cual solo se tenía registro por ejemplares atrapados accidentalmente en redes de pesca que morían debido a los cambios bruscos de presión al subir a la superficie.

Avistamientos

El estudio se basó en dos observaciones independientes en el fondo marino que rompen con décadas de misterio

Isla Jarvis (Pacífico Central): El primer avistamiento se detectó de forma fortuita al revisar grabaciones archivadas de un vehículo operado por control remoto (ROV). El tiburón, de unos 3 metros de largo y una edad estimada de más de 50 años, fue captado a 1,200 metros de profundidad

Fosa de Tonga: El segundo encuentro ocurrió en una de las regiones más profundas del planeta. Una cámara marina filmó a un ejemplar a 2,000 metros de profundidad, estableciendo un récord para la especie y demostrando que pueden descender mucho más de lo que la ciencia estimaba.

Anatomía de un fósil viviente

El tiburón duende es considerado un verdadero testimonio del pasado. Su origen se remonta a unos 125 millones de años, en plena era cretácica. Tras sobrevivir a extinciones masivas gracias al aislamiento de su entorno, este depredador destaca por una fisonomía única: un largo hocico plano y una sorprendente mandíbula interior retráctil que se proyecta a gran velocidad para capturar peces, cefalópodos y crustáceos en un entorno donde el alimento escasea.

El dato: A diferencia de los registros previos obtenidos por la pesca comercial, estas grabaciones permiten estudiar el comportamiento biomecánico real de la especie en condiciones de presión extrema y cero luz solar, lejos del contacto humano.

Con información de As.

Foto ilustrativa.