Jóvenes sustituyen el alcohol por fármacos recetados para encarar la ansiedad social

Redacción

EU.-Un número creciente de jóvenes adultos pertenecientes a la denominada “generación sobria” está sustituyendo el consumo de bebidas alcohólicas por medicamentos de prescripción médica y sustancias no reguladas para desenvolverse en entornos sociales. Motivados por el deseo de evitar la resaca, reducir el consumo calórico y aliviar la ansiedad social que afecta a una parte significativa de la Generación Z, personas en diversos países recurren a fármacos como la pregabalina y el propranolol adquiridos ilegalmente por internet o redes sociales.

La tendencia se ve impulsada por contenidos en redes sociales donde influencers promocionan el stacking o combinación de distintos fármacos como una alternativa “más limpia” frente al alcohol. Este fenómeno coincide con un descenso en las tasas de consumo de bebidas alcohólicas en adultos jóvenes —donde encuestas en el Reino Unido reflejan que un 26% de las personas entre 18 y 24 años se declaran abstemias— y con un incremento en los niveles de ansiedad reportados tras la pandemia de covid-19.

A pesar de que algunos consumidores perciben estas sustancias como una opción menos nociva para el organismo, especialistas en adicciones y salud mental alertan sobre los severos riesgos asociados a su uso sin supervisión. Medicamentos como la pregabalina —prescrita originalmente para epilepsia, dolor neuropático y ansiedad— pueden generar dependencia, depresión, insomnio e ideación suicida al intentar suspenderlos, además de haber sido vinculados a miles de muertes por sobredosis o intoxicación en territorios como Inglaterra y Gales.

Por su parte, el uso inadecuado del propranolol —fármaco indicado para controlar síntomas físicos como taquicardias— conlleva riesgos de mareos, desmayos y caídas peligrosas de la frecuencia cardíaca. Frente al incremento del consumo recreativo e ilícito, gobiernos en países como China y Reino Unido han reforzado los controles y reclasificaciones sobre estas sustancias, mientras que expertos advierten que recurrir a la automedicación para afrontar interacciones sociales puede agravar los problemas de fondo y limitar la capacidad del individuo para desenvolverse por sí mismo.