Francisco Espinosa
San José de Gracia, Ags.- A San José de Gracia se llega por una carretera alta desde donde se observa la presa Plutarco Elias Calles con su Cristo Roto, emblema de la entidad en los años recientes ha atraído a casi un millón de visitantes al año, dato que hoy dio el profesor Antonio Alberto Martínez, alcalde del municipio durante su segundo informe de gobierno. Lejos de la solemnidad y el lujo de la capital, el edil se paró en un templete dentro de un pequeño salón frente a poco más de 300 personas para rendir cuenta de sus labores.
En el acto protocolario, donde una decena de muchachas entradas en sus 20 años hicieron de edecanes luciendo trajes con pañoletas como si fueran azafatas, un video de casi media hora de duración repasó los pormenores de la administración de Martinez. Todo elogio, todo buenos resultados. Los asistentes, quienes fueron perdiendo el interés conforme se alargaba la reproducción intentaban de observar con atención una pantalla pixeleada.
En el templete, el gobernador Carlos Lozano de la Torre, le hacía ver a uno de sus asistentes que el televisor que tenía frente a él donde pasaban el mismo video, no funcionaba. En el público asistente se veían gente de distintos estratos sociales. Hasta el frente, como normalmente pasa en estos eventos burocráticos, los funcionarios de traje hecho a la medida junto a sus acompañantes ocupan las primeras filas. Ya hasta atrás se podían ver los señores con sus sombreros y las señoras con delantal. Una simbología perfecta para definir al país.
Cuando el video terminó, con un grito de la locutora nombrando al alcalde Martínez, los asistentes aplaudieron sin mesura. Entonces fue cuando el presidente municipal se puso de pie y se acercó al curul. Allí estaba, el anfitrión del evento en su día más importante del año, en la mañana donde explicaría a la sociedad todo lo bueno que ha hecho con su ejercicio político; y se quedó solo. En poco tiempo, justo después de agradecer a regidores, presidentes municipales, diputados, síndicos y ciudadanos por su asistencia, puso tierra de por medio en las mentes de quienes lo observaban y que pronto dejaron de escucharlo.
Sin mucho esfuerzo, con la mínima pizca de sentido común, era fácil darse cuenta que el tedio de media hora en forma de video publicitario y elogioso había vuelto ahora en viva voz del anfitrión. Martínez, quien no despegó la mirada del juego de hojas que tenía frente a él, leyó lo que ya se había escuchado. Incluso, en algunas partes como cuando describió lo difícil que había sido para San José de Gracia ser nombrado Pueblo Mágico, las palabras fueron calcadas. Entonces la atención se dispersó en una mañana fría que luchaba con el sol.
De pronto, casi a la séptima hoja que dio vuelta, la voz de Martinez sufrió los estragos del largo discurso. Los enredos entre palabras fueron evidentes. Como en un homenaje a la lamentable pronunciación del presidente Enrique Peña Nieto a la hora de decir “infrastructure”, el edil josefino se atoró al pronunciar “vulnerabilidad”. Allí parado, ante la fija mirada de Lozano de la Torre, intentó raspar la garganta ante la falta de agua que nadie de su equipo le pudo acercar.
Entonces, para alivio de todos, incluido el protagonista, alguien de los suyos aprovechó el momento de aplausos que los asistentes de repente soltaban para acercársele al edil. Cuando Martínez terminó de escuchar puso cara de contrariado por algunos segundos, como si le hubieran avisado que estaba alargando mucho su discurso además de lo repetitivo que resultaba.
Entonces puso punto final sin mirar las hojas. Mucho más suelto y ya viendo de frente, agradeció la visita del gobernador y del público en general para después dar por concluido, con la solemnidad inútil de nombrar la hora exacta, el acto de su segundo informe de gobierno.
El gobernador Lozano dio inicio a su partida. En tres minutos estaba ya en la calle, donde las edecanes vestidas de aeromozas le hicieron una fila al bajar las escaleras de la entrada. Sin darle algunos minutos a la prensa, se subió a su camioneta, justo después de tomarse una foto que la funcionaria –aviadora- del ayuntamiento de Jesús María, Verónica Chávez le pidió.
Mientras el gobernador del estado volvía a su zona de confort, el alcalde también dejó el protocolo meticuloso al que obliga la política. Caminó con los suyos a un convivo preparado con olor a comida corrida. Fue allí donde aflojó la corbata y sonrió genuino, por primera vez en la mañana, y se dispuso a charlar sin la preocupación de pronunciar “vulnerabilidad.”
Después de ello el presidente municipal tronó con los “encargados“ del desastre en la organización del evento. A ver sí no comió aguacate.
