Redacción
Miles de japoneses se concentraron en las calles de Tokio para presenciar el cortejo fúnebre del ex primer ministro Shinzo Abe, de 67 años.
El templo de Zozoji, emblemático del siglo XVI, iba a ser el punto de un funeral privado, pero igual llamó la atención de los ciudadanos, familiares y amigos cercanos del ex funcionario.
La ceremonia duró una media hora. Allí estaban todos los nombres que importan en la política japonesa y el PLD, la fuerza política a la que la saga familiar de los Abe ha estado vinculada desde su fundación en 1955, y que el pasado domingo, dos días después del magnicidio, cosechó una amplia victoria electoral en las elecciones parciales a la Cámara alta japonesa.
Esta victoria abre la puerta a la realización de uno de los proyectos más ansiados por Abe: la reforma constitucional para aumentar la capacidad militar del país. Entre los asistentes, el actual primer ministro, Fumio Kishida. También mandatarios internacionales, como el vicepresidente de Taiwan, William Lai, una presencia que ha provocado una protesta diplomática por parte de China.
Meika Nakashima, de 72 años, fue una de quienes se desplazaron hasta Zojoji, portando flores y un marco con fotografías del difunto. “El señor Abe trabajó mucho por el país, pero ahora está muerto. He venido para orar para que descanse en paz”, declaró a Efe.
“Abe-san, Abe-san”, (señor Abe, señor Abe) coreaban muchos japoneses, algunos vestidos de luto, haciendo fotos y gritando su despedida al político asesinado.
Un hombre gritó el “Gracias por su trabajo” habitual en Japón cuando alguien termina una labor. Otros lo imitaron. Cuando el coche negro se alejó se escuchaban sollozos. Frente al Parlamento y la sede del PLD, diputados, ministros y el propio jefe de Gobierno, Kishida despidieron a Abe con una reverencia al paso de sus restos mortales.
Con información de El País
