Redacción
A medida que las restricciones de viaje disminuyeron durante este verano y los turistas regresaron a Europa, las noticias de visitantes que se portan mal en Italia comenzaron a llegar.
En junio, dos turistas estadounidenses causaron daños por un valor de US$ 25.000 en la Plaza de España en Roma, cuando empujaron y luego arrojaron sus scooters.
¿Crees que eso es malo? En mayo, un visitante saudita condujo su Maserati alquilado por la escalera de travertino, rompiendo dos de los escalones. Mientras tanto, en Venecia, los turistas nadan en los canales protegidos por la Unesco, que funcionan como el sistema de alcantarillado de la ciudad.
En agosto, dos australianos surfearon por el Gran Canal, mientras que en mayo, unos estadounidenses se desnudaron para darse un chapuzón junto al monumento del Arsenale del siglo XIV. En el mismo mes, un australiano decidió conducir su motocicleta por el antiguo sitio romano de Pompeya.
Durante octubre, un estadounidense destrozó dos esculturas de un valor incalculable en el Museo del Vaticano, aparentemente después de que le dijeran que no podía ver al papa. Dos meses antes, una pareja de estadounidenses fue sorprendida tallando sus iniciales en el Arco de Augusto, un monumento de 2 mil años de antigüedad que se encuentra junto al Coliseo.
Pero, ¿refleja esto una situación peor que la habitual, o simplemente hemos olvidado lo mal que se comporta la gente cuando está de vacaciones?
El número de visitantes internacionales de enero a julio de 2022 aumentó un 172% con respecto a 2021 e incluso un 57% con respecto a los registros previos a la pandemia, según ENIT, la oficina de turismo de Italia. Eike Schmidt, director de la Galería Uffizi en Florencia, el museo más visitado de Italia en 2021, dice que el mal comportamiento de los turistas no es nada nuevo.
“Ciertamente hay personas que no respetan la situación en la que se encuentran”. Como la mujer a la que el vio antes de la pandemia sentarse en medio de obras de arte de valor incalculable para hacerse una pedicura.
La Galería Uffizi está tan vigilada que rara vez ocurren incidentes adentro, dice Schmidt; pero afuera es otra historia. La galería forma un callejón sin salida para los peatones, con bancos incorporados que están tallados en la piedra serena local que sirven para que se sienten los turistas cansados y hambrientos.
El año pasado, Schmidt pidió que los negocios de comida rápida pagaran impuestos más altos que los lugares que tienen asientos y baños para los clientes, pero afirma: “No ha pasado nada, ninguno de los políticos quiere entrar en el debate”.
Tom Jenkins, CEO de la Asociación Europea de Turismo (ETOA, por sus siglas en inglés), dice que hay una serie de incidentes muy específicos que ocurren en Italia, y se debe a su tejido especialmente sensible. La cultura italiana con sus entornos y arquitectura más frágiles como ciudades de arte genera una combinación explosiva cuando agregas visitantes, dice.
“Italia es peculiar en la riqueza de los atractivos turísticos nacionales, y es único en el sentido de que la gente ocupa estos espacios de una manera que no ocurre en muchos países”, dice.
Sin embargo, no todo se debe a la fragilidad de Italia, según expertos italianos. No hemos tenido historias similares ocurridas Francia, España u otros destinos europeos populares. Más bien, dicen, es la forma en la que los extranjeros piensan en Italia la que impulsa su mal comportamiento.
“El turista no sabe relacionarse con el patrimonio artístico porque no tiene relación con nuestra historia, entonces se refiere a su imaginario cultural, a nuestro cine. La escena de la Fontana de Trevi de la ‘Dolce Vita’ se ha convertido en un modelo para emular”, agrega.
“No distinguen entre el romano vestido de centurión para ganar propinas y el Coliseo. Todo se vuelve parte de un espectáculo donde no hay reglas”.
Con información de CNN
