Vigilia. Entre lo público, la razón y el juicio
Miguel Ángel Juárez Frías
Al cerrar un año y mirar de frente a la Navidad, es tiempo de pensar en una sola cosa: la gratitud.
Gracias a quienes leen, coinciden, discrepan, acompañan y permanecen. En estos tiempos donde la prisa y el ruido dominan el ambiente, detenerse a leer y a reflexionar sigue siendo un acto de conciencia.
La Navidad es más que una fecha marcada en el calendario. Es una invitación a volver a lo esencial: al valor del presente, a la fuerza del abrazo, la reconciliación y la verdad que se construye desde el amor.
Cada año deja lecciones, algunas luminosas, otras duras, y todas terminan formándonos. Ahí aparece la oportunidad de crecer, de ajustar, de volver a lo que realmente importa.
Nada de lo vivido es en vano cuando se convierte en aprendizaje. El pasado queda como experiencia; el presente es el único tiempo que se habita, el único que se vive, el único que late; también, es el único desde el cual se puede construir futuro.
Hacia 2026 hay una ruta que debemos construir paso a paso, con responsabilidad y con humanidad. Con amor. Amor entendido como algo que sostiene decisiones, silencios y la forma en que miramos al otro y a nosotros mismos. Tal vez la palabra se dejó de escribir porque se volvió incómoda, porque se pensó antigua, porque se creyó implícita. Hoy vale la pena volver a nombrarla. Desde ahí, desde ese lugar, se camina mejor: con amor.
Que 2026 nos encuentre leyendo, pensando y construyendo, juntos.
Nos leemos la siguiente.
