Transforman desechos humanos en material para nuevas baterías de autos eléctricos

Redacción

La carrera por mejorar la autonomía de los autos eléctricos ha llevado a la industria a explorar tecnologías más allá del litio tradicional. Una de las más prometedoras es la batería de litio-azufre (Li-S), y un equipo de la Universidad de Córdoba asegura haber encontrado dos ingredientes inesperados para potenciarla: orina y excrementos.

Las baterías Li-S no son nuevas, pero son vistas como un posible salto tecnológico: ofrecen hasta el doble de densidad energética que las de iones de litio, utilizan azufre —abundante, barato y más seguro— y reducen dependencia de materiales críticos como el cobalto o el níquel. Su talón de Aquiles ha sido la baja conductividad y la corta vida útil, con ciclos de carga muy inferiores a las baterías actuales. Ahí entra en juego el hallazgo cordobés.

El Instituto Químico para la Energía y el Medioambiente (IQUEMA) logró convertir los lodos de una planta de aguas residuales en Villaviciosa de Córdoba en carbón activado, un componente clave para los electrodos de las baterías Li-S. Según las investigadoras, se trata de un avance significativo: “Es un gran avance que logramos a partir de un residuo que considerábamos problemático”, señalaron.

Los lodos —ricos en materia orgánica, metales, nitrógeno y fósforo— pasan por un proceso de secado, modificación química con potasa y pirólisis a 800 grados para transformarse en carbón activado altamente poroso. Al mezclarse con azufre, este material permite mejorar la conductividad y atrapar el azufre en una matriz estable, lo que incrementa la vida útil de la batería.

Los resultados son prometedores: la estructura porosa y el dopaje con nitrógeno mejoran el transporte de electrones e iones, y el material resultante permite una mayor estabilidad electroquímica. Las investigadoras aseguran que esta configuración “triplica la capacidad de almacenamiento de una batería de iones de litio”.

El enfoque también abre una puerta ambiental y económica: reaprovechar residuos que todas las ciudades generan reduce costos y evita depender de materiales con alta demanda. Antes del experimento con lodos, el equipo había probado otros residuos agroindustriales —como huesos de aceituna, aguacate o cáscaras de pistacho y almendra—, pero muchos ya tienen usos comerciales. En cambio, los desechos humanos no compiten con ninguna industria.

El estudio anticipa más investigación en esta línea, pues aborda dos problemas simultáneos: la gestión de residuos urbanos y la búsqueda de baterías más baratas, duraderas y potentes para la movilidad eléctrica del futuro.