Redacción
La revolución eléctrica avanza rápido, pero también se reemplaza igual de rápido. Un estudio de S&P Global, retomado por el medio digital TV Bus, reveló que los autos eléctricos se sustituyen en promedio cada 3.6 años, mientras que los vehículos de gasolina permanecen más de una década en manos de sus propietarios.
La diferencia —de casi nueve años— refleja no solo el impacto de la innovación tecnológica, sino también la forma en que el mercado y los hábitos de consumo están transformando la industria automotriz.
En Estados Unidos, la antigüedad promedio de los autos a gasolina alcanza los 12.5 años, y llega a 13.6 si se excluyen los vehículos utilitarios. En contraste, los eléctricos suelen cambiarse mucho antes, impulsados por los avances en autonomía, baterías y software, además de esquemas de arrendamiento a tres años que incentivan la renovación constante.
“El ritmo de la innovación y la confianza del consumidor están moldeando directamente los ciclos de sustitución”, señala el informe.
La investigación apunta que la durabilidad de los vehículos de combustión responde a su fiabilidad mecánica, la existencia de un amplio mercado de segunda mano y la conveniencia de uso en regiones donde aún escasean los puntos de carga. A ello se suma el alto costo de los nuevos modelos, que motiva a los propietarios a conservar sus unidades por más tiempo.
En cambio, los eléctricos enfrentan una depreciación más rápida, aunque las garantías de batería —que suelen cubrir entre 8 y 10 años— ofrecen cierta seguridad a los compradores de seminuevos. La percepción de obsolescencia tecnológica, sin embargo, continúa afectando su valor de reventa.
El estudio subraya que la rotación acelerada de los autos eléctricos no necesariamente contradice la sostenibilidad. Cada nueva generación mejora la eficiencia y reduce las emisiones durante su uso, al tiempo que abre nuevas oportunidades de negocio para las armadoras, ahora centradas en servicios digitales y actualizaciones de software.
En México, este escenario coincide con la llegada de modelos eléctricos de bajo costo como el “TT” y el “Olinia”, ambos desarrollados en el país, que prometen ampliar el acceso a la movilidad sustentable y dar un impulso económico al sector.
El reto, advierte el análisis, será lograr la convergencia entre precios, infraestructura y madurez tecnológica para equilibrar la permanencia de los autos de combustión con la rápida evolución de los eléctricos.
