Redacción
EU.-Estudios veterinarios recientes demuestran que la educación básica y el establecimiento de límites claros son fundamentales para garantizar el bienestar emocional de los perros. Lejos de ser una restricción, el adiestramiento ayuda a regular el sistema nervioso de las mascotas, disminuyendo significativamente sus niveles de estrés y proporcionándoles una estabilidad mental equivalente a la tranquilidad humana. Acciones simples como acudir al llamado, sentarse ante una orden o respetar espacios prohibidos son pilares para su seguridad y salud emocional.
Sin embargo, la falta de disciplina suele traducirse en cuadros graves de ansiedad, miedo y depresión canina. En una participación en el podcast Zenvibes, conducido por Noelia Duarte, el adiestrador canino Víctor Mareño señaló que uno de los errores más comunes y perjudiciales que cometen los propietarios ocurre durante el recibimiento al retornar al hogar, un momento donde se suele confundir la agitación extrema de la mascota con una muestra de afecto.
De acuerdo con Mareño, consentir y premiar las demandas de atención del perro cuando se encuentra en un estado de alta excitación estimula una espiral de ansiedad constante. El especialista advierte que ceder ante la insistencia del animal refuerza conductas negativas que luego repercuten en su manejo del hambre, la incertidumbre o la espera. Al responder de inmediato a sus impulsos de agitación, el dueño fomenta que el perro sea incapaz de gestionar sus emociones.
Para contrarrestar este comportamiento, el experto propone dos alternativas claras al ingresar a la vivienda: la primera consiste en ordenar de manera firme al perro que se siente y acariciarlo únicamente cuando alcance un estado de absoluta calma; la segunda opción consiste en entrar a la casa e ignorar por completo la presencia del animal hasta que sus niveles de energía se estabilicen. Ambas técnicas enseñan a la mascota que el afecto del dueño se obtiene mediante la tranquilidad y no a través del nerviosismo.
Aunque estas medidas de control pueden resultar difíciles de aplicar emocionalmente para los dueños, Mareño enfatiza que son vitales para la salud del animal. El adiestrador compartió la experiencia de presenciar cómo un perro de raza bulldog sufrió un infarto fulminante debido a la sobreexcitación provocada por recibir mimos de su dueña en un momento de alta alteración nerviosa al llegar a casa. Este trágico evento, que llevó al especialista a suspender temporalmente sus labores por el impacto emocional, demuestra que un saludo inadecuado constituye la semilla de una mala educación y puede poner en riesgo la vida de la mascota.
