Redacción
Los riñones, órganos esenciales para la vida, pueden perder hasta 80 % de su capacidad antes de mostrar señales de alarma. Su resistencia, paradójicamente, es también su vulnerabilidad.
El Global Burden of Disease Study estima que la enfermedad renal crónica afecta a cerca del 10 % de la población adulta mundial. En Italia, unos cinco millones de personas viven con una función renal comprometida, la mayoría sin saberlo. Los especialistas advierten que una detección temprana podría evitar la diálisis en gran parte de los casos.
“La insuficiencia renal es una de las principales enfermedades crónico-degenerativas del mundo. Su mortalidad ya supera a la de la diabetes y algunos tipos de cáncer, pero es fácil de diagnosticar y relativamente sencilla de tratar si se detecta a tiempo”, explicó Luca De Nicola, presidente de la Società Italiana di Nefrologia.
Los factores de riesgo son conocidos: hipertensión, diabetes, obesidad y tabaquismo. Sin embargo, la falta de síntomas específicos dificulta el diagnóstico temprano. “Solo entre el 10 % y el 20 % de las personas con enfermedad renal crónica sabe que la tiene, porque síntomas como el cansancio o una presión ligeramente alta son poco específicos”, añadió De Nicola.
Los análisis de orina y sangre bastan para evaluar la salud renal. La detección de albúmina o creatinina fuera de rango puede revelar daños antes de que sean irreversibles. Por ello, Italia impulsa una ley para establecer un tamizaje nacional en pacientes de 55 a 75 años con factores de riesgo.
Emanuele Montanari, director de Urología del Ospedale Maggiore Policlinico di Milano, subraya que los riñones “trabajan por turnos” y que su deterioro puede deberse tanto a enfermedades vasculares como a infecciones urinarias o cálculos no tratados. “Cuando las nefronas se dañan, las restantes trabajan más, pero peor”, advirtió.
Los especialistas insisten en que la prevención es la mejor herramienta: evitar el exceso de sal, mantener peso saludable, hacer ejercicio y controlar la presión arterial y el azúcar en sangre.
En fases avanzadas, la diálisis sigue siendo la única opción. “Cada paciente en diálisis cuesta hasta 50 000 euros al año. Promover la diálisis domiciliaria sería más seguro y económico”, señaló De Nicola.
Aun así, hay motivos para el optimismo: nuevos fármacos, como las gliflozinas o la difelikefalina —esta última aprobada para aliviar el prurito crónico en pacientes renales—, ofrecen esperanza para quienes enfrentan una enfermedad silenciosa pero cada vez más común.
