Redacción
Astrónomos del Centro de Investigación en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (CITIC) de la Universidad de A Coruña lograron reconstruir la historia orbital del cometa 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar detectado en el Sistema Solar, y concluyeron que se formó hace unos 10 mil millones de años, convirtiéndose en una auténtica cápsula del tiempo cósmica.
El estudio, encabezado por el investigador Xabier Pérez Couto y disponible en el repositorio científico arXiv, revela que este cuerpo ha viajado a través de la Vía Láctea desde mucho antes de la existencia de la humanidad. Su hallazgo ocurrió el 1 de julio mediante el sistema de sondeo ATLAS en Chile, y su órbita hiperbólica confirmó su procedencia más allá de la influencia del Sol.
“Lo que hace único a 3I/ATLAS es que nos permite estudiar la evolución de objetos originados en otros sistemas estelares, algo que hasta ahora solo podíamos teorizar. Cada observación de este tipo es como abrir una ventana al pasado del Universo”, explicó Pérez Couto.
Con una velocidad hiperbólica cercana a los 58 kilómetros por segundo —más de 200 mil kilómetros por hora—, el cometa presenta una intensa actividad visible por su cabellera de hielos sublimados. Su comportamiento y composición lo convierten en un visitante fugaz, pero de enorme valor científico.
El equipo gallego utilizó datos de alta precisión de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea para rastrear su trayectoria durante los últimos 10 millones de años. Mediante cálculos inversos y el cruce con las órbitas de más de 13 millones de estrellas, los científicos identificaron 93 posibles encuentros estelares, aunque ninguno alteró significativamente su rumbo debido a su alta velocidad.
Esa estabilidad orbital sugiere que 3I/ATLAS ha permanecido casi inalterado desde su formación, conservando información sobre los primeros procesos de la Vía Láctea. “Es un testigo de los orígenes del material interestelar del que surgieron los primeros planetas”, señaló el equipo en su informe.
Aunque no fue posible identificar la estrella de origen, los investigadores estiman que procede del entorno donde se formó el disco delgado galáctico. El CITIC considera que el descubrimiento marca un punto de inflexión en la llamada “arqueología galáctica”, el estudio de los vestigios cósmicos que narran la historia de la galaxia.
Los científicos prevén que con nuevos observatorios como el Vera C. Rubin aumente el número de detecciones de objetos similares, lo que permitirá pasar del estudio individual al análisis estadístico de estos mensajeros interestelares. Cada uno, advierten, podría revelar una nueva página del pasado del Universo.
