Redacción
El Festival Internacional Cervantino abrió con una fiesta de son, baile y memoria que desbordó emoción en la Alhóndiga de Granaditas. La noche del viernes, el escenario se transformó en un gran tapanco donde el “Fandango Monumental: fiesta de son y raíz” unió a Veracruz y Guanajuato en una sola voz.
“Siento tantas emociones que hasta la piel se me enchina”, versó Mauro Gutiérrez, de Mono Blanco, ante un público que coreó y aplaudió cada copla, bajo un cielo que amagaba con lluvia pero no logró apagar el ánimo.
Desde horas antes, decenas de personas formaron largas filas para ingresar. Llegaron desde Guanajuato y estados vecinos atraídos por el son jarocho, esa música que, como dijo una asistente envuelta en un rebozo blanco, “une el corazón con la tierra”. Entre zapateados y sonrisas, resonaron clásicos como Adiós morena, El torito abajeño, Las chaparreras y El Colas, que hicieron vibrar a la multitud.
En el escenario coincidieron Caña Dulce y Caña Brava, Son de Madera, Mono Blanco y el Ensamble de Arpas Andrés Huesca, junto con los Semilleros Creativos de Veracruz, donde niñas y niños interpretaron sones en totonaco y tenek. “El fandango genera energía colectiva y felicidad”, afirmó Gilberto Gutiérrez al destacar el poder comunitario de esta tradición musical que sobrevive gracias a la transmisión oral y al espíritu festivo del pueblo veracruzano.
Entre arpas, requintos y versos improvisados, Veracruz trajo su calor al corazón del Bajío. “Hoy que Veracruz se vino para repartir calor, nos representa un honor estar en el Cervantino”, recitó Gutiérrez, mientras el público acompañaba con palmas el ritmo del zapateado.
Con información de: La Jornada
