Redacción
Ciudad de México.-El panorama editorial independiente en Argentina vive un momento histórico y melancólico. Ediciones de la Flor, el legendario sello que fuera el hogar de Mafalda y Quino durante 55 años, ha anunciado su cierre definitivo. En el marco de la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el stand de la editorial se ha transformado en un espacio de despedida donde los lectores se enfrentan a un mensaje contundente: “Es nuestro último año de actividad”.
La crisis terminal de la editorial se precipitó tras la salida de su catálogo estrella. En 2025, los herederos de Joaquín Lavado (Quino) decidieron trasladar los derechos de su obra a la multinacional Penguin Random House en busca de una mayor distribución global. Esta mudanza dejó a la editorial fundada por Daniel Divinsky y “Kuki” Miler sin su pilar fundamental, justo cuando el sello celebraba seis décadas de trayectoria independiente.
Durante la feria, el ambiente en el módulo de la editorial ha sido de duelo. Karina, representante del sello, relata que ha tenido que “hacer de psicóloga” ante el impacto de los visitantes que descubren la noticia. Muchos lectores acuden buscando los clásicos libros de lomo colorido de Quino, solo para enterarse de que ya no pertenecen a la firma y que los ejemplares restantes no pueden ser comercializados por cuestiones de derechos.
La dirección de Ediciones de la Flor atribuye el cierre a una combinación de factores: el cambio en el mercado del libro, la situación económica actual de Argentina y la decisión de los herederos de sus autores más emblemáticos de buscar “otros rumbos”. A pesar de haber sobrevivido a dictaduras, censuras y exilios desde su fundación en 1966, la editorial no logró sortear los desafíos tecnológicos y de negocio del 2026.
Mientras a pocos metros la multinacional Penguin Random House exhibe con orgullo la figura de Mafalda en su stand, en su antigua casa se rematan los últimos títulos de autores como Carlos Drummond de Andrade y Vladímir Mayakovski. El cierre marca el fin de una era para la cultura argentina, dejando huérfanos a miles de lectores que identificaban el sello de la “flor” con la rebeldía y el humor de la niña más famosa del mundo.
Fotografía La Jornada
