Circula Tren Maya con apenas 5% de la demanda prevista en su primer año

Redacción

El Tren Maya, concebido como el gran motor para detonar el desarrollo del sureste mexicano, opera muy por debajo de las expectativas iniciales y con un impacto limitado en la vida de turistas y pobladores, según publicó El País. A un año de su inauguración total, varios de sus tramos registran escasa afluencia y en algunas estaciones hay más elementos de la Guardia Nacional y personal de limpieza que visitantes.

Un informe clasificado del Fondo Nacional de Fomento al Turismo, citado por ese medio, anticipaba que el sistema transportaría 74 mil pasajeros diarios durante su primer año. La realidad es distinta: cifras oficiales muestran un promedio de apenas 3 mil 200 usuarios al día, equivalente al 5 por ciento de lo proyectado.

De acuerdo con el reportaje, el turismo internacional continúa moviéndose mediante tours organizados con empresas de autobuses vinculadas a hoteles y restaurantes, mientras que los habitantes locales siguen usando taxis, motos o transporte público. Muchos ni siquiera han abordado el tren por el costo extra que implica trasladarse a estaciones lejanas a sus comunidades.

“Nosotros acá nos movemos en moto u ocupamos los taxis. El tren, de mi pueblo, está lejos. Si yo quisiera moverme en tren, básicamente tendría que gastar doble”, dijo Héctor Chan, guía turístico en Chichén Itzá. “Nosotros nos imaginábamos algo diferente con el tren, que iba a llegar muchísima más gente.”

Turistas europeos consultados señalaron que desconocían la existencia del tren o no hallaron información suficiente para utilizarlo. Otros optaron por rentar autos por flexibilidad o seguridad. Para incentivar los viajes, la Secretaría de la Defensa Nacional —operadora del sistema— redujo a la mitad el precio del boleto redondo en noviembre y diciembre e invirtió 74 millones de pesos en publicidad.

Aunque el servicio es moderno, puntual y con fuerte presencia de vigilancia, persisten fallas: falta de wifi, conexiones eléctricas inestables, aire acondicionado irregular y estaciones muy alejadas de los centros urbanos, sin una red de transporte accesible que las conecte. En destinos como Cancún, si los autobuses del Tren Maya no llegan en horario, los taxis se convierten en la única alternativa, con tarifas mínimas de 250 pesos.

Artesanos y comerciantes aseguran que el proyecto no ha impulsado su economía. En Chichén Itzá, un vendedor de artesanías afirmó: “A nosotros como pueblo no nos beneficia en nada. Así de claro.” En Bécal, Campeche, artesanos como Felipe Canto dicen que nunca han usado el tren y que la llegada de visitantes sigue siendo esporádica.

De acuerdo a la publicación de El País, la megaobra opera hoy entre contrastes: trenes modernos y puntuales, pero lejos de las expectativas económicas y turísticas con las que fue presentada.

Con información de: El País