Redcación
Ciudad de México.-Durante años, la inteligencia se ha explicado principalmente a través de la genética, el entorno familiar y la educación. Sin embargo, la ciencia lleva tiempo analizando otro factor menos evidente, el mes de nacimiento.
Diversos estudios longitudinales y análisis educativos han detectado patrones curiosos que relacionan la fecha de nacimiento con determinadas ventajas cognitivas durante la infancia y la adolescencia.
El efecto de la edad relativa en el desarrollo cognitivo
Uno de los conceptos para entender esta relación es el llamado “efecto de edad relativa”. En la mayoría de los sistemas educativos, los niños se agrupan por año natural.
Esto implica que, dentro de una misma clase, puede haber hasta casi doce meses de diferencia entre los alumnos
Los niños nacidos hacia el final del año suelen comenzar la escuela siendo más jóvenes que muchos de sus compañeros. Esta diferencia inicial puede obligarlos a desarrollar antes habilidades como la atención, la adaptación al entorno académico y la resolución de problemas, especialmente en los primeros años escolares.
Octubre, noviembre y diciembre: una tendencia repetida
Al analizar grandes bases de datos educativas y pruebas de rendimiento cognitivo, los investigadores han observado que los niños nacidos en octubre, noviembre y diciembre tienden a mostrar, de forma estadística, mejores resultados en determinadas evaluaciones intelectuales a medio plazo.
Este fenómeno no se interpreta como una inteligencia innata superior, sino como el resultado de varios factores.
- Mayor estimulación cognitiva temprana, al tener que compensar una menor madurez inicial.
- Desarrollo acelerado de habilidades ejecutivas, como la concentración, la memoria de trabajo y el autocontrol.
- Mayor resiliencia académica, al enfrentarse desde pequeños a exigencias similares a las de compañeros más mayores.

El papel del entorno y la educación
Los expertos subrayan que estas diferencias solo aparecen de forma clara cuando el entorno educativo es estable y estimulante.
En contextos con carencias educativas o sociales, el mes de nacimiento pierde relevancia frente a factores mucho más determinantes, como el acceso a recursos, la calidad de la enseñanza o el apoyo familiar.
Estas ventajas tienden a reducirse con la edad, especialmente en la etapa adulta, cuando las diferencias iniciales de madurez desaparecen y entran en juego otros elementos como la formación, la experiencia y el aprendizaje continuo.
Lo que la ciencia deja claro
Los investigadores coinciden en un punto fundamental, nacer en un mes concreto no determina la inteligencia de una persona. La capacidad intelectual es el resultado de una interacción compleja entre genética, entorno, educación, salud y estímulos sociales.
El mes de nacimiento puede influir de manera leve y temporal en ciertas habilidades durante la infancia, pero no marca el destino cognitivo de nadie ni garantiza un mayor éxito académico o profesional.
Con información de La Razón
