Filósofo de la IBERO analiza qué empleos deben mantener los humanos ante la IA

Redacción

Ciudad de México.-La inteligencia artificial puede resolver problemas, procesar información a gran velocidad, automatizar tareas e incluso sustituir actividades que durante mucho tiempo asociamos con capacidades humanas. Pero que una máquina pueda hacer algo no significa necesariamente que debamos entregárselo.

Esa es una de las cuestiones que cobra fuerza después de que Bill Gates advirtiera sobre los riesgos laborales y sociales del avance de la inteligencia artificial y planteara que ciertos empleos deberían mantenerse en manos humanas, incluso si una IA pudiera realizarlos mejor y a menor costo. El cofundador de Microsoft también alertó sobre la pérdida de puestos de trabajo y sobre el efecto que los chatbots pueden tener en las relaciones sociales, especialmente entre jóvenes.

Para el Dr. Francisco Vicente Galán Vélez, académico de tiempo completo del Departamento de Filosofía de la Universidad Iberoamericana (IBERO), el debate obliga a mirar más allá de la eficiencia y preguntarnos qué capacidades definen realmente la experiencia humana. Su trabajo académico incluye la metafísica, la epistemología y la filosofía de la mente.

Galán reconoce que la sustitución tecnológica del trabajo no comenzó con la inteligencia artificial. Desde la Revolución Industrial, las máquinas han reemplazado tareas repetitivas y automatizables. Sin embargo, considera que el trabajo profundamente humano no se reduce a resolver problemas.

La inteligencia, explicó, incluye también crear sentidos, generar ideas y comprender una experiencia dentro de un contexto más amplio. A ello se suman los sentimientos, la voluntad, la libertad para elegir proyectos y la responsabilidad por las consecuencias de nuestras decisiones.

Una IA puede dar una respuesta, pero ¿comprende lo que hace?

El filósofo IBERO considera que sistemas como la inteligencia artificial pueden sustituir con enorme eficacia ciertas capacidades que tradicionalmente identificábamos como inteligencia: ejecutar algoritmos, realizar cálculos, asociar información o procesar grandes cantidades de datos.

El problema aparece cuando se confunden esas capacidades con la totalidad de la inteligencia humana.

Para Galán, el elemento central es la comprensión. Una máquina puede producir una respuesta correcta y hacerlo mucho más rápido que una persona, pero eso no significa que posea la experiencia integral desde la cual los seres humanos comprendemos, elegimos y damos significado a lo que hacemos.

En este sentido, la IA puede convertirse en una herramienta que libere a las personas de tareas repetitivas y permita dedicar más tiempo a trabajos cualitativamente más complejos. El reto, señaló, es evitar que esa automatización termine reduciendo también aquello que constituye el componente humano de una profesión.

Profesores y cuidadores: cuando la presencia también forma parte del trabajo

Durante la conversación, Galán puso como ejemplo a docentes y personas cuidadoras.

Un sistema de IA puede transmitir información, resumir contenidos o responder preguntas. Sin embargo, un profesor no sólo entrega conocimiento: observa a sus estudiantes, identifica si comprendieron, se compromete con su proceso y busca que desarrollen sus propias capacidades.

Algo semejante ocurre con el cuidado. La asistencia técnica puede automatizar algunas funciones, pero acompañar a una persona implica cercanía, experiencia, atención y una relación que no se agota en completar correctamente una tarea.

Por eso, frente a la propuesta de reservar determinadas ocupaciones para seres humanos, Galán va incluso más lejos: prácticamente todas las profesiones conservan una dimensión humana, aunque muchas de sus tareas puedan automatizarse.

El problema no es que exista el chatbot, sino qué relaciones está sustituyendo

Gates también advirtió que los chatbots podrían afectar especialmente a niñas, niños y jóvenes al ofrecer interacciones que evitan parte de la frustración, el desacuerdo y los aprendizajes propios de convivir con otras personas.

Galán matiza esa preocupación. Para él, la tecnología no es por sí misma la causa del aislamiento. Antes de los chatbots estuvieron la televisión, los teléfonos y otras tecnologías utilizadas en ocasiones para suplir relaciones que ya eran frágiles.

“El peligro” no está simplemente en la herramienta, sino en las condiciones sociales y familiares que permiten que ésta sustituya el contacto humano. La tecnología puede agravar determinados problemas, explicó, pero es necesario mirar también abandono, falta de tiempo, desigualdad y otras condiciones que anteceden a su uso.

¿Qué aporta la Filosofía al debate sobre inteligencia artificial?

Para Galán, precisamente aquí entra el papel de las Humanidades.

Mientras la ciencia y la tecnología pueden resolver problemas cada vez más complejos, la Filosofía mantiene abierta una pregunta diferente: qué significado tiene todo ello para la existencia humana.

“Una cosa son los problemas y otra cosa es el misterio. La inteligencia artificial puede ayudarnos a resolver problemas, pero la Filosofía nos lleva al sentido profundo de lo humano, al significado de la existencia”, planteó.

No se trata, subrayó, de enfrentar a la Filosofía con la ciencia o con la inteligencia artificial. Al contrario, se trata de mantener presente “el anclaje profundo de lo humano” mientras las herramientas tecnológicas amplían sus capacidades.

La pregunta que deja abierta el avance de la IA, entonces, quizá ya no sea únicamente qué cosas podrán hacer las máquinas, sino algo bastante más incómodo:

cuando puedan hacerlas, ¿qué cosas seguiremos queriendo hacer nosotros?