Redacción
Lo que parecía una piedra inerte en el árido paisaje del suroeste de Wyoming resultó ser una ventana directa a la prehistoria. Un niño de 11 años, mientras recorría terrenos públicos de la región, tropezó con un fósil excepcionalmente conservado de una tortuga de caparazón blando que vivió hace aproximadamente 48 millones de años.
El hallazgo se produjo en la famosa Formación Green River, un yacimiento paleontológico de importancia mundial. Tras la notificación del descubrimiento, un equipo de especialistas confirmó que se trata de un ejemplar de la familia Trionychidae, cuyo carapacho (caparazón) se mantuvo casi íntegro gracias a procesos geológicos milenarios.
Aunque hoy Wyoming es conocido por su clima seco y ventoso, el fósil cuenta una historia muy distinta. Durante el Eoceno, la región era un sistema vibrante de lagos y ríos, destacando el antiguo Lago Gosiute.
La Preservación: La tortuga quedó sepultada rápidamente bajo sedimentos finos en el fondo del lago. Este “entierro relámpago” protegió los restos de la erosión y permitió que los minerales sustituyeran los tejidos originales, logrando una definición anatómica asombrosa.
A diferencia de las tortugas terrestres de placas rígidas, la familia Trionychidae se caracteriza por un caparazón plano y flexible cubierto por una piel gruesa.
El éxito de este rescate paleontológico radicó en la correcta actuación de la familia del menor. Al encontrarse en terrenos públicos gestionados por el Estado, el fósil es considerado patrimonio científico.
El ejemplar ahora forma parte de una colección museográfica donde servirá para estudiar cómo los ecosistemas antiguos respondieron a periodos de calentamiento global, ofreciendo lecciones valiosas para entender el cambio climático actual.
Con información de Muy Interesante.
