Redacción
El teléfono de Marios suena y se ilumina. El impulso de responder es inmediato e irresistible, una sensación que él mismo describe como “llevar contigo a tu propio traficante de drogas en el bolsillo”. Sin embargo, en ese momento no puede contestar: se encuentra en medio de una sesión de terapia diseñada específicamente para frenar una compulsión que lo lleva a pasar hasta 14 horas al día pegado a la pantalla de su dispositivo.
Marios, un entrenador personal del norte de Londres que identifica a Instagram como su mayor enemigo, es parte de una creciente ola de personas que buscan ayuda profesional para combatir la dependencia digital, un problema frecuentemente impulsado por la soledad.
Una encuesta reciente realizada por Deloitte reveló que el 70% de los adultos encuestados consideran que pasan demasiado tiempo con sus teléfonos. Asimismo, expertos en adicciones advierten que los smartphones están alterando la química del cerebro mediante el sistema de recompensas, liberando dopamina con cada “me gusta”, mensaje o notificación recibida.
Clínicas de rehabilitación registran aumento de casos
Centros de tratamiento tradicionalmente enfocados en sustancias como el alcohol o las drogas están adaptando sus programas ante la crisis digital. En los Centros de Tratamiento de Adicciones del Reino Unido (UKAT), que atienden a unas 3,500 personas al año, uno de cada tres pacientes tratados por drogodependencia el año pasado presentaba también una dependencia secundaria al teléfono, un aumento drástico frente al uno de cada diez registrado en 2019. La gravedad es tal que algunos pacientes prefieren abandonar su tratamiento principal antes que entregar su dispositivo al ingresar a la clínica.
En instituciones como Rainford Hall, un centro residencial de la organización Steps Together en Merseyside, los terapeutas trabajan con los pacientes para reducir gradualmente el tiempo en pantalla y procesar los sentimientos de ansiedad que surgen al desconectarse.
Testimonios recopilados por BBC muestra a personas que han tocado fondo debido a su adicción a las pantallas.
- James (48 años): Tras perder su empleo, comenzó a obsesionarse con las redes y las noticias, despertándose a mitad de la noche para revisar interacciones. “Sentía como si me hubieran arrancado un pedazo del alma”, relata.
- Jenny (30 años): Llegó a dejar de comer y dormir por pasar días consumiendo contenido en streaming. Tuvo que pedirle a su familia que encerrara sus dispositivos bajo llave debido al severo síndrome de abstinencia.
- Tom: Perdió su negocio tras pasar jornadas de hasta 10 horas consecutivas consumiendo múltiples pantallas a la vez, lo que lo llevó a enfrentar pensamientos suicidas.
Comunidades de apoyo y recomendaciones de expertos
Ante la falta de regulaciones clínicas formales, la sociedad civil ha comenzado a organizarse. En 2017 se fundó Internet and Technology Addicts Anonymous (ITAA), una comunidad mundial inspirada en el modelo de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, donde miembros como Jenny y Tom han logrado recuperar el control de sus vidas.
A pesar de que las compañías tecnológicas han implementado funciones de control de tiempo y restricciones de uso, la batalla sigue siendo individual. De vuelta en Londres, Marios mantiene el optimismo mientras avanza en sus 12 sesiones de terapia. “Cada día me propongo pasar menos tiempo y eso está marcando la diferencia. Se puede conseguir, estoy seguro”, concluye, mientras intenta, de forma consciente, mantener las manos lejos de sus bolsillos.
Con información de BBC
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