Redacción
Ciudad de México.-En la industria hotelera global es común observar la ausencia de la planta número 13 en las botoneras de los ascensores y en la distribución de las habitaciones. Esta práctica se debe principalmente a factores culturales, psicológicos y de mercado destinados a preservar la tranquilidad de los clientes durante su estancia.
La causa más extendida es la triscaidecafobia, término médico que define el temor irrazonable al número 13. Debido a que diversas culturas asocian esta cifra con la mala suerte, los establecimientos prefieren descartarla para prevenir asociaciones negativas o incomodidad en personas supersticiosas.
A esta creencia se añaden decisiones de arquitectura, diseño y marketing. Los administradores buscan proyectar ambientes agradables y evitar percepciones desfavorables entre sus usuarios. Estudios de mercado señalan que un sector de la clientela manifiesta rechazo hacia ese número, por lo que su exclusión se adopta como una estrategia comercial para asegurar ventas y evitar reclamos.
La estandarización dentro de las grandes cadenas internacionales influye en que este criterio se aplique incluso en países donde el recelo al número 13 es menor, como Estados Unidos. De esta manera, el sector hotelero equilibra sus decisiones de infraestructura con los preceptos culturales y las dinámicas comerciales para ofrecer un servicio libre de predisposiciones negativas.
