Redacción
Argentina.-Un nuevo informe pericial ha dado un giro drástico a la investigación sobre el fallecimiento de Diego Armando Maradona, ocurrido en noviembre de 2020. Los expertos que analizan el caso aseguran que el astro argentino no falleció de manera repentina, sino que atravesó una “agonía prolongada” de al menos 12 horas, durante la cual su cuadro clínico se agravó sin recibir la atención médica necesaria.
El documento destaca hallazgos contundentes en la autopsia, señalando que el corazón de Maradona pesaba más de medio kilo, prácticamente el doble de lo normal para un adulto. Esta condición, conocida como cardiomegalia, sumada a una insuficiencia cardíaca congestiva y un edema agudo de pulmón, indica que el exfutbolista presentaba señales claras de deterioro que habrían sido detectables antes de su deceso si hubiera estado bajo una supervisión adecuada.
Los peritos subrayan que los signos de agonía fueron “evidentes y prolongados”, contradiciendo las versiones iniciales que sugerían un evento súbito mientras dormía. Esta conclusión refuerza la hipótesis de la fiscalía sobre una posible negligencia por parte del equipo médico encargado de su cuidado domiciliario, sugiriendo que el desenlace fatal pudo haberse evitado o, al menos, retrasado con un tratamiento oportuno.
La revelación de estos detalles físicos y temporales complica la situación legal de los ocho profesionales de la salud imputados por homicidio simple con dolo eventual. Con el juicio en marcha, la evidencia del corazón hipertrofiado y el sufrimiento previo a su muerte se han convertido en piezas clave para determinar el grado de responsabilidad de quienes debían garantizar el bienestar del “Diez” en sus últimos días.
