Redacción
La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) alertó sobre el impacto que tiene la publicidad en los hábitos de consumo de niñas, niños y adolescentes, al señalar que las marcas que identifican, los productos que consumen y lo que desean adquirir están determinados tanto por el entorno familiar como por la exposición digital y mediática.
De acuerdo con el organismo, los hábitos se construyen desde la infancia y el hogar representa el primer espacio donde se aprende a manejar el dinero y a tomar decisiones de consumo. En este sentido, destacó la importancia de que madres, padres y cuidadores fomenten el diálogo para que los menores desarrollen criterios informados al momento de elegir productos.
La Profeco subrayó que la publicidad llega a este sector de la población a través de múltiples canales, como televisión, internet, redes sociales, videojuegos e influencers, lo que amplifica su alcance. En la edición de abril de la Revista del Consumidor, en colaboración con la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), se recomienda explicar a las infancias que no todo lo anunciado es necesario y reflexionar en familia sobre sus efectos en la salud y la economía.
Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) indican que en el país hay 8 millones de niñas y niños de entre 6 y 11 años y 12 millones de adolescentes que utilizan internet, lo que incrementa su exposición a campañas diseñadas para captar su atención.
Asimismo, un estudio realizado en 2021 por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y el Instituto Nacional de Salud Pública reveló que 69% de los menores estuvo expuesto a anuncios de alimentos y bebidas, de los cuales 95.6% correspondían a productos con bajo valor nutricional. Además, uno de cada cuatro anuncios empleó personajes para generar afinidad con marcas ultraprocesadas y más del 75% de niñas y niños reconoció haber solicitado la compra de productos vistos en internet.
La dependencia enfatizó que la publicidad influye tanto en decisiones inmediatas —como el uso del dinero propio— como en hábitos a largo plazo. Por ello, promover una alimentación equilibrada y un consumo consciente no solo favorece la salud, sino también contribuye al cuidado de la economía familiar y a la formación de consumidores responsables.
