Matcha en crisis: entre la tendencia global y la presión a productores japoneses

Redacción

Lo que comenzó como una bebida ancestral japonesa se ha convertido en símbolo de bienestar, estética y estilo de vida para millones de consumidores en todo el mundo.

El matcha, popularizado por empresa, influencers y marcas wellness, enfrenta hoy una presión creciente que amenaza su autenticidad.

Según el Ministerio de Agricultura de Japón, las exportaciones de té verde alcanzaron un valor récord en 2024 con un aumento del 25% respecto al año anterior. Sin embargo, este auge ha tenido un alto costo: escasez de matcha auténtico, encarecimiento de la producción y dificultad para mantener la calidad bajo estándares tradicionales.

Los agricultores japoneses, fieles a métodos artesanales que requieren tiempo, sombra y molienda en piedra, no pueden acelerar el proceso sin comprometer la esencia del producto. Ante la creciente demanda, algunas marcas han optado por importar versiones más baratas provenientes de países como China, donde el cultivo se realiza a gran escala y sin los métodos tradicionales, generando una proliferación de productos que se venden como matcha sin serlo realmente.

La fiebre del matcha ha sido amplificada por las redes sociales. Plataformas como TikTok, Instagram y YouTube han convertido esta bebida en un fenómeno global. Preparaciones estéticamente atractivas y recomendaciones de influencers la posicionaron como un imprescindible en rutinas de bienestar, impulsando un consumo muchas veces desinformado.

De acuerdo con el informe The Future of Social Commerce de Accenture, las ventas por redes sociales alcanzarán 1.2 billones de dólares en 2025. El 62% de los consumidores de la Generación Z y el 55% de los millennials afirman haber descubierto productos a través de estas plataformas. En México, el 91% de los consumidores reconoce que las redes influyen en sus decisiones de compra, según un estudio de Nielsen y Talkwalker.

En paralelo, el turismo también ha sido un detonante: con 37 millones de visitantes en Japón en 2024, el interés por replicar el matcha en casa se disparó. Lo que antes era un ritual local se volvió una necesidad global, desdibujando los límites entre tradición y tendencia.